Cosas que escribo bajito

Cuando descubrí que había otra forma de mirar (o de mirarme) empezaron a nacer palabras. Cuando algunas personas empezaron a reaccionar ante ellas comenzó a crecer "cosas que escribo bajito"

Cuando las palabras no nacen…

Hoy me cuesta comenzar a escribir. No tengo esa primera oración que desata la lluvia de palabras. Esas que terminan poniendo orden en lo que, sin saber que estaba, lastraba todo mi día.
No saber sobre qué escribir me permite prestar atención a otras cuestiones no planteadas anteriormente.
La caligrafía, por ejemplo. El vehículo lujoso de la lectura, el dibujo de los pensamientos escritos. En mí se hace más pequeña cuando le presto atención. Pequeña, redondeada, ordenada….
¿Será un reflejo de mi propio ser? ¿Me empequeñezco yo con ella cuando me presto atención? Desde luego, cierto es que me vacío. Me vacío del ruido que me impide escuchar (-me). Me vacío de las obligaciones impuestas por alguna fuerza inventada, de las historias ajenas, de la necesidad de estar en el afuera. Eso debe empequeñecerme. Como letra cuidada.
Y aunque a los grandes personajes siempre se les engrandece no me siento desvalorizar por menguar. Al contrario. Me siento condensar. Como salsa al fuego de la mano de un buen chef que va perdiendo lo que no es necesario hasta quedar, simplemente, en su esencia. Pura. Real. Viva.
También me redondeo. Como mi letra cuidada yo tambiébn pierdo los vértices, los extremos puntiagudos, los excesos rígidos, lo exagerado descontrolado. Cuando me cuido pincho menos. Daño menos. Duelo menos. Cuando me doy mi tiempo en el dibujo de cada letra ellas fluyen con menos tropiezos y me regalan la sensación de estar viviendo cada una de sus curvas.
Cuando me tomo el tiempo necesario para verme, como letra sosegada yo me ordeno. Sin esfuerzos. Ni siquiera con intención. Cada cosa ocupa su lugar, su espacio, el necesario. Sin permanencia excesiva en la línea ni invisibilidad en la consciencia. Todo está. A todo se le permite bailar. Nada pesa demasiado para aplastar el orden sereno que se establece sin esfuerzos. El que se respira cuando hay paz real. El que aporta tu interior cuando se siente mirado.
Así que, hoy que me cuesta comenzar a escribir, he podido prestar atención a aquello que abraza lo escrito. No siempre es lo que se escribe. A veces es solo lo que lo acontece.

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